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Que niñas y adolescentes utilicen cosméticos para adultos no es un juego: dos expertos cuentan los riesgos


Adrián Cordellat Madrid - 19 MAY 2026 - 05:30 CEST Compartir en Whatsapp Compartir en Facebook Compartir en Twitter Desplegar Redes Sociales Ir a los comentarios Añadir EL PAÍS en Google

Lo que empezó siendo un juego simbólico que han repetido muchas generaciones de niñas y adolescentes —utilizar el maquillaje de sus madres para imitarlas y sentirse mayores— ha acabado convertido para muchas en una exigente y cada vez más temprana rutina de skincare que incluye el uso de sérums, mascarillas faciales e incluso cremas antiedad concebidas para personas adultas. El fenómeno tiene nombre propio: cosmeticorexia, es decir, el interés desmedido por el uso de cosméticos y productos de cuidado facial. “El uso precoz de productos cosméticos y maquillaje en edad infantil es un hecho cada vez más habitual en las consultas de dermatología”, reconoce Lucía Campos, dermatóloga del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

La experta alude al impacto que están teniendo en este sentido las redes sociales y las jóvenes influencers, preadolescentes de entre 9 y 14 años conocidas como Sephora Kids, cuyo contenido se basa en compartir sus rutinas de maquillaje y belleza propias de los adultos y que acumulan millones de seguidores. “En muchas ocasiones nos encontramos con pacientes pediátricos que a través de redes sociales han encontrado productos cosméticos y han empezado a utilizarlos sin saber si de verdad es conveniente su uso”, apunta.

A finales del pasado mes de marzo, la Autoridad de la Competencia y el Mercado de Italia anunció que iniciaba dos procedimientos contra marcas de prestigio internacional como Sephora y Benefit por no indicar correctamente que sus cosméticos no están destinados a niñas y adolescentes y, en cambio, fomentar su compra entre estos grupos de población mediante estrategias de marketing con jóvenes microinfluencers. El estudio Rutinas de cuidado de la piel pediátrica en TikTok, publicado en junio de 2025 en la revista Pediatrics tras un análisis sistemático de vídeos en esta red social sobre rutinas de cuidado de la piel recomendadas por creadoras de contenido de 18 años o menos, concluyó que los contenidos con más visualizaciones incluían, de media, 11 ingredientes activos potencialmente irritantes. En total, se identificaron 20 ingredientes con un alto riesgo de provocar dermatitis alérgica de contacto.

“La piel de las niñas y la de los adultos no tiene nada que ver. En la infancia es mucho más fina y, además, hasta bien entrada la adolescencia las glándulas sebáceas —encargadas de producir el sebo que protege la piel— aún no han alcanzado su máxima actividad. Por eso, se trata de una piel más sensible y menos grasa que la de una mujer adulta”, explica Vicente Leis, dermatólogo del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

El problema, coinciden los expertos consultados, es que, pese a ello, muchas niñas y adolescentes están utilizando productos concebidos para la piel adulta. Y estos productos no solo no ofrecen ninguna ventaja cosmética a la piel infantil —que no está preparada para recibir sus principios activos—, sino que conllevan riesgos. Una revisión reciente, titulada Seguridad dermatológica de los productos cosméticos comercializados para niños: Perspectivas sobre el fenómeno Sephora Kids, alertaba precisamente de que ingredientes habituales en cosméticos adultos como el retinol, los ácidos exfoliantes AHA y BHA, y la vitamina C pueden dañar la piel joven. “La inclusión de ingredientes potentes en estos productos, como fragancias, ácidos exfoliantes y retinoides, puede alterar la barrera cutánea, lo que hace que su uso sea innecesario y potencialmente dañino”, concluían los autores.

Los síntomas de alarma más frecuentes de que un cosmético no está haciendo bien a la piel de una niña o adolescente, según señala Campos, son la irritación, que se puede manifestar como enrojecimiento o descamación de la piel, y también la oclusión por el uso de productos pensados para pieles más grasas, que se puede traducir en la aparición de comedones o puntos negros. A estos, Leis añade la absorción de mayores cantidades de ingredientes que pueden ser perjudiciales, debido a la piel más fina y a la menor superficie corporal de las niñas. Entre ellos, según el dermatólogo, estarían los derivados de la vitamina A (retinoides), que en casos extremos de absorciones muy altas pueden generar problemas de crecimiento; y los exfoliantes (ácido salicílico, ácido glicólico, etcétera) que, además de ser irritantes, podrían provocar incluso acidosis metabólica —trastorno primario de la piel, pero puede manifestar signos cutáneos debido a la enfermedad subyacente (como insuficiencia renal o diabetes)— por el exceso de producción de ácidos. “Hay que usar grandes cantidades, pero está descrito”, comenta.

Además, según el experto, el hecho de que los productos cosméticos para adultos suelan llevar en muchas ocasiones perfumes, aceites o conservantes, puede provocar que las niñas y adolescentes desarrollen en el futuro problemas de alergia de contacto a muchos ingredientes, ya que la piel se vuelve más sensible y acaba desarrollando una reactividad anormal por exponerse demasiado pronto a cosméticos que no son adecuados para su edad.

¿Lo mejor? No usar cosméticos

Algunos de estos riesgos también son comunes a muchos productos de maquillaje que, según Campos, “pueden tener un efecto oclusivo sobre la piel y favorecer la aparición de acné y comedones en la piel infantil”. El mayor riesgo en este caso, añade Leis, proviene fundamentalmente de aquellos productos que se venden en bazares, jugueterías o en internet y que se comercializan como juguetes. En muchas tiendas de juguetes, de hecho, cada vez es más habitual encontrar secciones dedicadas a la belleza con maquillajes repletos de purpurina y brilli-brilli. “Eso es lo que tenemos que intentar regular, porque ahí puede haber productos verdaderamente nocivos para la piel”, sostiene Leis.

Por todo ello, este experto hace un llamamiento al sentido común. No pasa nada si una niña se pone un día el maquillaje de su madre. Tampoco si tiene que utilizarlo de forma puntual, por ejemplo, para una actuación artística. El problema es el uso continuado de productos cosméticos y de maquillaje, porque la piel de una niña o de una adolescente necesita protección, no sobrecargarse con productos innecesarios. Según indica Leis, si se insiste mucho en tener una rutina, “bastaría con un jabón suave, un fotoprotector cuando se vaya a exponer al sol y, como mucho, una crema hidratante suave. La piel sana de una niña no necesita nada más”.

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