APUNTES SOBRE SOCIOLOGIA Y FILOSOFIA DE LA
INGENIERIA
Adriana Patricia Gallego Torres
Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, Colombia, adpgallegot@udistrital.edu.co
Mónica Rueda Pinto
Universidad Santo Tomás de Aquino, Bogotá, Colombia, monicarueda@usantotomas.edu.co
ABSTRACT
This paper presents an approach to the sociology and philosophy of engineering, from the general problem of the
relationship between Philosophy and Sociology, revise proposed taking as an example the historical
reconstruction of recognition of engineering as a scientific discipline.
Keywords: philosophy, engineering, sociology, history
RESUMEN
Este trabajo presenta una aproximación a la sociología y la filosofía de la ingeniería, a partir del problema general
de la relación entre filosofíay sociología, se propone revisarla tomando como caso la reconstrucción histórica del
reconocimiento de la ingeniería como disciplina científica.
Palabras clave: ciencia, ingeniería, sociología, historia
1.
INTRODUCTION
La preocupación del público por las nuevas tecnologías ha dio lugar a nuevos campos de investigación: la
filosofía, la historia y la sociología de la ingeniería, y las ciencias sociales se unieron para crear nuevas
perspectivas en los temas interdisciplinarios relacionados, con la ciencias y las ingenierías,. El objetivo de estas
disciplinas es como se produce el conocimiento tecnológico sus gestores, reguladores, y otros actores que
intervienen sobre la elección y el uso de las tecnologías.
2. LA SOCIOLOGIA DE LA INGENIERIA UN PUNTO DE PARTIDA
Los estudios sociales de la ingeniería, éstos pueden remontare a las publicaciones de los ingenieros y filósofos
Max Eyth (1836- 1906) y Alard du Bois- Reymon en su obra Erfindung und Erfinder sobre la relación de la
ingeniería con la sociedad y la importancia de reflexionar en torno a esta compleja relación diferenciando los
procesos sociológicos particulares de la invención y la realidad del inventor.
Esta relación encierra la clave de la evolución de la humanidad, debido fundamentalmente a que los desarrollo
ingenieriles sintetizan la evolución de la cultura, la ciencia y la sociedad y su compleja relación, es decir, en la su
historia desde las culturas prehistóricas, podemos encontrar lo determinado y lo indeterminado, las leyes de la
naturaleza, la lógica científica y el y la relación de muchos hechos históricos que han marcado las diferentes
civilizaciones. Esta relación compleja se hizo evidente a partir de finales de la década de 1960, la creciente
preocupación del público con las nuevas tecnologías ha dado lugar a un nuevos estudios en campo de la ciencia
aplicada y de las ingenierías. Investigadores de la tecnológicos, naturales, del comportamiento, y las ciencias sociales se unieron para proponer un problema interdisciplinario sobre la necesidad de reflexionar acerca de la
historia, la filosofía y sociología de la tecnología y la ingeniería sobre todo entre los gestores, reguladores, y otros
que decidir sobre la elección y el uso de las tecnologías. (Otway 1987, Pérez, 1995)
Esta relación tiene una larga tradición, Popper en el primer volumen de "La Sociedad abierta y sus enemigos"
(1945), con un sentido diferente: la implementación de los métodos críticos y racionales de la ingeniería y ciencia
a la solución de los problemas sociales en el que afirmaba:
“La ingeniería gradual habrá de adoptar, en consecuencia, el método de buscar y combatir los males más
graves y serios de la sociedad, en lugar de encaminar todos sus esfuerzos hacia la consecuencia del bien
final...(esto es).. La diferencia que media entre un método razonable para mejorar la suerte del hombre y un
método que, aplicado sistemáticamente, puede conducir con facilidad a un intolerable aumento del padecer
humano. Es la diferencia entre un método susceptible de ser aplicado en cualquier momento y otro cuya
práctica puede convertirse fácilmente en un medio de posponer continuamente la acción hasta una fecha
posterior, en la esperanza de que las condiciones sean entonces más favorables. Y es también la diferencia
que media entre el único método capaz de solucionar problemas (según lo enseña la experiencia histórica,
incluyendo la propia Rusia, como se verá más adelante) y otro que, dondequiera que ha sido puesto en
práctica, solo ha conducido al uso de la violencia en lugar de la razón, y, si no a su propio abandono, al
abandono, en todo caso, del plan original”
La ingeniería puede verse como artefacto, como conocimiento o como práctica social (Herrera, 1990; Cajas
1998). En este sentido, y retomando el convencimiento de que las ingenierías son consideradas como saberes, es
factible proponer una epistemología para cada una de ellas; pero cada una de esas propuestas no puede afincarse
en K. Popper (1962), en T. S. Kuhn (1972) ni en I. Lakatos (1983), ni siquiera para la Ingeniería más cercana a la
Física, es decir, aquella en la que los colectivos de ingenieros diseñan y fabrican instrumentos y máquinas. No es
posible acudir a la categoría de sustitución de teorías y experimentos cruciales, ni a la de cambio paradigmático
como tampoco a la de abandono de programas de investigación que se hicieron regresivos. Es esta la razón por la
cual se ha propuesto una estructura general para analizar desde ella en qué consiste, en este caso, una “Tecnología
dura”. No obstante, hay que recordar que G. Basalla (1991), acudió al concepto de evolución para explicar el
desarrollo de la tecnología de herramientas, aun cuando esta propuesta no ha sido acogida como se esperaba.
Esta negativa a utilizar aproximaciones epistemológicas que tienen como punto de partida la construcción y
desarrollo histórico de la Física, no deja de reconocer que una disciplina como la Termodinámica clásica, es la
que en su origen partió del análisis de la maquina de vapor de J. Watt, por lo que sin temor a equivocaciones, se
puede afirmar que fue la ciencia de las máquinas térmicas. Sin embargo, se tomo distancia de esos artefactos, a
partir del momento en que S. Carnot sitúa sus explicaciones en una máquina térmica ideal, que no puede ser
diseñada y fabricada.
Otro aspecto que es importante considerar es el de si es o no es factible explicar el desarrollo de esta Tecnología
dura, desde la aproximación empirista o la positivista, amabas como ya se ha explicitado, basadas en la lógica
inductiva; para reiterarlo, la que parte de los hechos o de la observación para elaborar estructuras conceptuales y
metodológicas sobre las razones de la estructura y funcionamiento de los instrumentos y máquinas. Se recuerda
que hubo cierta inclinación a pensar que los artesanos o técnicos “copiaban por la simple observación” estructuras
y procesos que se daban en la naturaleza. De ser así, no se tendría una explicación de cómo el hombre del
neolítico empezó a fabricar sus instrumentos de piedra. De la misma manera, poner de presente que cuando,
muchos siglos después, intento volar imitando a la aves, fracasó rotundamente. Por tanto, los artefactos primero y
los ingenieros posteriores, son una creación de la mente de artesanos, técnicos y tecnólogos e ingenieros. Un
ejemplo trivial, no existe en la naturaleza nada que se semeje a la cremallera. De ser aceptados éstos argumentos,
una epistemología para dar cuenta del desarrollo histórico de los saberes ingenieriles, tendría que basarse en la
lógica deductiva.
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J. Ladriere (1977) sostuvo ya que el quehacer tecnológico es una actividad teóricamente ordenada. Ese
ordenamiento teórico supone la elaboración previa de un discurso de naturaleza hipotético – deductiva, de cuya
estructura los colectivos de tecnólogos formulan hipótesis tecnológicas que precisan y delimitan un problema
propio del saber dentro del cual trabajan los miembros de esos colectivos. El problema orienta la solución
constructiva que se persigue, dentro de los límites de la máxima eficacia y eficiencia que en cada época se puede
conseguir.
En esta apuesta por una aproximación epistemológica no empirista ni positivista, se niega igualmente que la
construcción y desarrollo histórico de la ingeniería como ciencia, haya obedecido a la labor de individuos
geniales, casi que nacidos con la programación genética para ser considerados como los grandes inventores. Esta
concepción es la que se ha tejido alrededor de T. A. Edison (1847 – 1931), digno representante del estadounidense
que “de la nada” se convirtió en el gran ejemplo de que se puede crear y desarrollar artefactos, sin siquiera haber
tenido una formación académica como técnico o como tecnólogo; es una posición eminentemente ideológica que
pone en tela de juicio los programas de reconstrucción histórica, que hablan hoy en favor de que fue una que supo
poner a su servicio un equipo de ingenieros que supo plasmar en realizaciones concretas, las ideas que se le
ocurrían. Incluso, se ha puesto en duda la originalidad de las invenciones que se le atribuyen (Weightman, 2008).
Como se ha admitido de manera general en las ciencias de la naturaleza, que cada propuesta epistemológica ha de
estar fundamentada en referencias históricas basadas en la consulta de fuentes primarias, se adopta en este texto
que cada una de las tecnologías, como construcciones humanas adelantada por colectivos de especialistas tiene
una historia. Al respecto, ha habido reconstrucciones (Bedini y De Solla, 1981; Derry y Williams, 1977; Hall,
1981), de las que recibirían el calificativo de estar mediadas por una llana aproximación epistemológica
positivista. Esta suele limitarse a un recuento de las invenciones en la dinámica de una sucesión lineal que, por lo
general, se limita a un listado de inventos y de inventores, con la supuesta y no demostrada de una concepción
empirista y positivista.
Esa historia puede demarcarse a partir del momento del tallado de la piedra, sigue con la creación de la alfarería,
continua con la metalurgia y sus eras del cobre, del bronce y del hierro. Parte destacable ha de ser la creación de
las corporaciones de artesanos y la creación en cada una de ellas, de los “Collegia Artificum” en los que los
maestros transmitían su saber a sus discípulos. Ha de analizarse la introducción de la episteme de las matemáticas
en el saber de los artesanos constructores de máquinas, pasando antes por el papel de los geómetras mecánicos de
la antigua Alejandría; y, desde esta ciudad a los artesanos fabricantes de instrumentos científicos. En este listado,
la fundación de la Escuela Politécnica de Paris, de donde egresó S. Carnot, que fue modelo para la creación de los
programas de ingeniería. En este orden nos atrevemos a reafirmar que la ciencia y la ingeniería han estado
asociadas al desarrollo humano, y sin duda forman parte de la naturaleza humana (Petroski, 1992), pero para
comprender esta relación es necesario acudir a la filosofía de la tecnología quien en la actualidad es uno de los
pilares de los estudios CTS (ciencia, tecnología, sociedad).
3. APUNTES SOBRE FILOSOFÍA
Los origenes de ésta disciplina podemos situarlos a finales del siglo XIX en Alemania, cuando el ingeniero Ernst
Kapp, en 1877 acuñó la frase “filosofía de la tecnología” en su obra principal Fundamentos de una filosofía de la
técnica (Grundlinien einer Philosophie der Technik), Kapp elabora una concepción artefactual de la tecnología
como proyección de nuestros órganos (Organprojektion), como proyección de los seres humanos que se
reproducen a sí mismos en la colonización del espacio y del tiempo. La filosofía de la tecnología de Kapp debe
ser entendida en el marco de su "filosofía geográfica", donde Kapp apela a rasgos geográficos como ríos u
océanos para ofrecer una explicación material de la realidad histórica. La historia, en este sentido, es el testimonio
diferencial de los seres humanos en su intento, en gran medida mediante la tecnología, de afrontar tales desafíos
ambientales (Pérez, 1995; Cerezo y Lujan, 1998, Moran 2006; Capana, 2007).
En la misma década de la muerte de Kapp, el ingeniero ruso Engelmeier empleo el termino “Filosofía de la
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Tecnología” en sus artículos. En 1911, en el cuarto congreso mundial de filosofía en Bolonia- Italia reformulaba
la concepción de Philosophie de Tecknik y en 1927 Engelemeier colaboro en la construcción de los problemas
centrales de ésta naciente disciplina, entre los que cabe destacar: El desarrollo de un programa para la filosofía de
la tecnología, definir el concepto de tecnología, el papel de la tecnología en historia de la cultura, entre otros
(Engelmeierm 1929).
En 1913, el ingeniero químico alemán Eberhard Zschimmer (1873-1940) publicó un libro titulado “Filosofía de la
Tecnología” en el que afirmaba que la meta de la tecnología es la libertad humana, lograda y entendida en
términos de dominio material y de la superación de las limitaciones de la naturaleza (Mitcham, 1989) .
Antes y después de la segunda guerra mundial otro de los filósofos de la tecnología pionero de ésta disciplina es
Friedrich Dessauer (1831-1963) quien consideró que el conocimiento científico- técnico a través de la ingeniería
se convirtió en un modo de existir de los seres humanos. Para él la tecnología era una experiencia religiosa y toda
experiencia religiosa toma un sentido tecnológico.
En este mismo sentido, el grupo de investigación de la tecnología llamado “Hombre y Técnica” (‘Mensch und
Technik’), creado con ocasión de la celebración del centenario de la VDI, cuyo objetivo principal era consolidar
la filosofía de la tecnología como una disciplina autónoma y buscaba recuperar el prestigio de los ingenieros y de
la tecnología y, luchar contra la imagen de la tecnología relacionada con el supuesto de que la sociedad de
bienestar depende del desarrollo continuo de la tecnología, estimulará una filosofía afirmativa de ésta, tratando de
aproximarla al estilo cognitivo y argumentativo de los ingenieros (Jaramillo, 1992).
En 1939, José Ortega y Gasset, quien publica su en forma de libro La Meditación de la técnica recoge los escritos
para un curso impartido en 1933 en la universidad de verano de Santander, que habían sido ya publicados en
forma de artículos en Argentina, junto con Ensimismamiento y alteración. No es esta la única ocasión en que
Ortega se ocupa de la técnica; también lo hace en La rebelión de las masas, En torno a Galileo, La idea de
principio en Leibniz y en Una interpretación de la historia universal.
Según Ortega, la técnica nos descubre la constitución del hombre, el «raro misterio» de su ser. Porque el ser
humano no pretende mediante la técnica simplemente adaptarse al medio como los demás seres vivos, sino
transformar el medio para adaptarlo a sus necesidades. Teniendo en cuenta que las necesidades humanas no son
sólo biológicas, porque las personas necesitamos también lo superfluo. «Vivir hu- manamente» significa, no
únicamente estar en el mundo, sino estar bien («bienestar»), por eso el hombre es técnico, creador de lo superfluo
con vistas a la felicidad. Sin embargo, la creciente capacidad técnica del hombre ha ocultado la capacidad de
programar la propia vida, ha contribuido a que el hombre «no sepa ya quién es», a que se le haya vaciado la vida.
De ahí la desorientación y desmoralización colectivas de Occidente, personificadas en el «hombre-masa», que
lleva una vida carente de proyecto.
Ya a finales del siglo pasado (1998), en su texto clásico ¿Qué es la filosofía de la tecnología?, Mitchan distingue
dos modos de abordar la filosofía de la tecnología, la tradición ingenieril y la tradición humanística. Pero ahora,
después de más de un siglo de existencia, podemos hablar que hay tantas filosofías de la tecnología como
corrientes filosóficas. Así, encontramos una tradición analítica anglo-americana (con dedicación a la inteligencia
artificial), una tradición fenomenológica europea-continental (con dedicación a las vivencias existenciales de los
usos técnicos cotidianos) , una pragmatista, una aristotélico-tomista, una marxista, etc.
A pesar de esa diversidad, Mitchan sigue pensando que todas ellas pueden alinearse de acuerdo a las dos primeras
tradiciones, la ingenieril y la humanística. Con el riesgo de una gran simplificación, podemos decir que la
primera tradición tiene una actitud positiva hacia la tecnología, en cambio, la segunda, adopta una actitud más
cauta.
Del primero es digno representante Mario Bunge, centrado en el estudio de la racionalidad y del método de la
tecnología, que se hacen derivar de la racionalidad científica. Para Bunge, la tecnología no es sino ciencia
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aplicada, y plasmación material de la forma de conocimiento y actuación más racional que existe. De ahí se
derivaría que tanto la ciencia como la técnica son moralmente neutras, y sólo habría que lamentar las malas
utilizaciones de ambas por intereses ajenos a los de esa racionalidad. En cambio, buena parte de la filosofía
humanista de la tecnología (influida por autores como Lewis Mumford o Jacques Ellul) ha realizado una crítica
cultural de nuestra era tecnológica, apelando a una movilización ética e incluso metafísica para impedir que los
"auténticos valores humanos" queden ahogados en el camino.
Como podía esperarse de los desarrollos en sociología de la ciencia, una derivación lógica fue ampliarlos al
análisis de las tecnologías. Hasta ahora, la mayor parte del trabajo se ha centrado en la realización de estudios de
casos y en el intento de elaborar conceptos y formulaciones teóricas que den cuenta y traten de explicar la
complejidad que surge de los estudios específicos. Se suelen considerar fundamentalmente tres enfoques: el
Programa SCOST (Construcción social de la ciencia y la tecnología), la teoría de la red de actores, y la historia de
los sistemas sociotécnicos.
El programa SCOST, encabezado por Trevor Pinch y Wiebe Bijker recurre a la metodología del programa EPOR
de la escuela de Bath. Para las escuelas constructivistas de la tecnología, el cambio tecnológico es contingente, y
para dar cuenta de él se evitan explicaciones en términos de lógica interna. También lo social y lo económico son,
como la tecnología, heterogéneos y emergentes. Las relaciones sociales están constituidas y configuradas por
medios económicos y técnicos. No existe ningún plan que en última instancia dirija el cambio histórico (ya sea en
cuanto a lo tecnológico, lo económico o lo social). Las tecnologías nacen del conflicto, de la diferencia o de la
resistencia entre promotores y afectados. Tales diferencias pueden constituir o no conflictos o desacuerdos
abiertos. Los estudios de casos del programa SCOST analizan las estrategias empleadas por distintos actores
sociales en dichos desacuerdos, estrategias que se supone están diseñadas para mejorar la propia posición respecto
de los adversarios. Tanto las estrategias como las consecuencias de éstas (entre las que se incluyen las propias
tecnologías) deberían ser tratadas como un fenómeno emergente.
Para la teoría de la Red de Actores, de Bruno Latour y Michel Callon, los procesos de innovación se entienden
como lucha entre distintos actores que intentan imponer su definición del problema que se trata de resolver. El
concepto de "actor" engloba por igual a los actores humanos y no humanos (herramientas, máquinas, diseños,
instituciones, etc.), y ya no se puede sostener la dicotomía entre actores sociales y objetos, entre humanos y no
humanos, sino que hay que hablar de redes de estrechas relaciones entre todos estos colectivos.
Los estudios de los sistemas sociotécnicos han intentado aplicar la teoría de sistemas a la historia de la tecnología.
Hay un gran interés en desvelar las mutuas interacciones entre tecnología y sociedad, más allá de discusiones
sobre supuestos determinismos de uno u otro tipo. Para Thomas Hughes estas interacciones hacen surgir nuevas
tecnologías que modifican las relaciones sociales, pero igualmente hacen aparecer nuevos factores sociales por los
que determinados actores pueden a su vez configurar las tecnologías para defender sus intereses.
El voluminoso libro El mito de la máquina (1964), del crítico e historiador estadounidense Lewis Mumford
(1895-1990), fue uno de los primeros textos críticos sobre la tecnología, que sembró las bases de una nueva
sensibilidad ecológica sobre los problemas de la sobreproducción industrial y los males a ella asociados, que
ahora se han hecho más conocidos.
Ahora sabemos que la tecnología apropiada no consiste en disponer de una máquina más poderosa para roturar
más rápido la tierra, sino en saber el momento y la profundidad a que debe colocarse la semilla. De hecho, las
nuevas tecnologías de labranza cero consisten en roturar la tierra lo menos posible. La técnica del riego por goteo
se basa en utilizar menos agua, no más. La nueva sociedad del conocimiento, que intenta suplantar a la sociedad
industrial, precisamente pretende introducir nuevos grados de racionalidad a la utilización de la máquina.
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El nuevo paradigma no se interesa tanto en el poder y la cantidad de los instrumentos, sino en su precisión y la
capacidad de adaptación a cambiantes circunstancias. Son las llamadas máquinas inteligentes, que producen en la
cantidad y oportunidad estrictamente necesarias, sin desperdiciar una energía que ahora sabemos escasa, y sin
producir el descarte constante de un excedente que se transforma en moroso residuo. Cuanto más grandes, más
fijas y menos flexibles son las máquinas del siglo XX, menos posibilidades tienen de adaptarse a circunstancias
que en el siglo XXI cambian cada vez más rápidamente, incluso, el clima.
CONCLUSIONES
El trabajo que aquí presentamos tiene por objeto analizar las relaciones entre la historia, la filosofía y sociología
de la ingeniería lo que conlleva a situarnos en la concepción de ingeniería o de los productos resultantes de las
investigaciones en ingeniería que ha imperado en los últimos años y que ha sido impulsada por las industrias que
los producen y que los venden con el señuelo de que adquirirlos es hacerse a la tecnología que, como saber
histórico y socialmente elaborado, se halla detrás de esos tecnofactos (Gallego Badillo, 1998); una concepción
instrumentalista que también domina en los programas académicos de las universidades, apoyada en la
aproximación epistemológica positivista que redujo “la Tecnología” a “ciencia aplicada” (Gonzáles García, López
Cerezo y Luján López, 2000).
Ha imperado una concepción idealizada y relacionada con “la Ciencia”, para quienes los científicos se ocupan del
descubrimiento de la verdad, mientras que los ingenieros de la aplicación de esa verdad (Winner, 1994). No
obstante, en la décadas de los setenta y ochenta, algunos investigadores que venían trabajando en la sociología del
conocimiento científico, con los mismos presupuestos y acudiendo a las mismas metodologías, volcaron su interés
al estudio social de la tecnología; un hecho que fue objeto de críticas. Sin embargo, los resultados obtenidos
apuntaron a la conclusión de que ciencia y tecnología han estado relacionadas, aun cuando dicha relación no ha
sido lineal En resumen, las elaboraciones de los filósofos de la tecnología, dieron pie para introducir y formular
el estatuto epistemológico de la ingeniería y desligarla de la simple aplicación de los modelos científicos, lo
mismo ocurre con los estudios sociales de la ingeniería, que dejaron claro la relación tan estrecha que tienen los
problemas y las soluciones en ingeniería.
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